Francisco pinta con trazos largos y los colores se mezclan armoniosamente. Sus cuadros nos llevan a campos, mares y lagos que descansan la vista. De ahí se viaja a un paisaje urbano a través de un puente hecho de material ligero.
Los paisajes en las fotos de Jaime son un alto en el tiempo, un respiro de la prisa cotidiana. Sin embargo, no todo es serenidad en las imágenes. hay que entrecerrar los ojos, quedarse quietos, dejarse llevar por lo que evocan.
Las pinturas de Lucio denuncian y cuentan lo que sucede ahora, aquí, en nuestra época. Los personajes cobran vida y recuperan la voz para enfrentarnos. Son obras poderosas.
Las escenas callejeras de Richard hacen compartir el miedo de algunos pueblos de que les roben el alma. Inmersas en ellas mismas, las personas en sus fotos se muestran al desnudo. Es fácil imaginar su sorpresa al descubrir como son cuando van por la vida sin saber que su imagen quedará plasmada en papel.
Los cuadros de Jorge son muy generosos. Una novia japonesa, una adelita o un jarrón de flores silvestres forman parte de un mundo por explorar. Estos se quedan en la memoria como los amigos a quienes recurre para recobrar el gusto por la vida.
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